La disponibilidad en el diseño y mantenimiento de la infraestructura eléctrica es fundamental, explica Oriol Passola, responsable del área negocio de data centers del departamento de arquitectura y edificación de IDOM.
Desde finales del siglo XX y en especial durante la última década, las grandes compañías que basan su core business en la gestión de los datos e información de sus clientes han abordado grandes proyectos tecnológicos,
bien a través de la implantación de un centro de datos propio, o bien subcontratando estos servicios en modo outsourcing a compañías que garantizaran una altísima fiabilidad.
Cuando el éxito de una empresa depende de la eficiencia en la gestión de datos, necesita abordar proyectos basados en modelos de explotación e infraestructuras que garanticen un funcionamiento ininterrumpido 365/24h. Nos encontramos pues ante proyectos encuadrados en los conceptos de “Concurrently Maintainable Facility” o incluso “Tolerantes a Fallo”, categorizados por el Uptime Institute por los estándares Tier III y Tier IV.
Los parámetros básicos en cada caso son ya sobradamente conocidos: redundancia N+1 en equipos y necesidad de doble camino activo-inactivo en un Tier III y redundancia N tras cualquier fallo con doble camino activo en un Tier IV.
Diseño para mantenimiento
Para el cumplimiento de este objetivo hay infinitas configuraciones posibles a nivel de esquema, pero la implantación en el edificio y su puesta en obra condicionarán la efectividad del sistema a medio y largo plazo.
Con la perspectiva que da la experiencia en la realización de CPDs en todo tipo de condiciones, y entendiendo que cada proyecto requiere una solución específica, entendemos que hay que abordar el desarrollo de las fases iniciales de los proyectos con cuatro criterios básicos que garantizan la disponibilidad del edificio y facilitan las labores de explotación y mantenimiento del usuario final, como son Diseño para mantenimiento, Previsión de crecimiento, Posibilidad de conexiones provisionales externas, y Avanzarse a los problemas.
En el primer punto, diseño para mantenimiento, hay que comenzar señalando que un edificio de alta criticidad 365/24 requiere mantenimiento 365/24. La redundancia añade fiabilidad, pero incrementa la complejidad y el número de elementos que intervienen en el funcionamiento del día a día. En consecuencia, las operaciones de mantenimiento son diarias.
Tan importante será que el diseño de un equipo sea aislable y “by-pasable” como que esta operación pueda realizarse de forma natural, sin tener que subir al cofret del bus-bar que pasa a tres metros de altura sobre la bandeja de fibra o tener que hacer contorsionismo para pasar entre el cable y el conducto de clima para acceder a los interruptores o seccionadores correspondientes.
Los equipos que entran en el edificio tienen que poder salir y eso incluye tanto los pequeños interruptores de 16ª -que se sacan con dos dedos- o una PDU de 300x7cm -con dos manos-, como los grandes grupos electrógenos de 2,5 MVA de 6x2,2 m y toneladas de peso o los SAI estáticos o dinámicos, cuya extracción no siempre se puede realizar por partes. Habitualmente, en una obra entran primero los grandes equipos y posteriormente se rebozan de cables y tubos sus alrededores. Cinco años después de ponerse en marcha el edificio, la salida deberá tener un camino horizontal y/o un recorrido estrictamente vertical libre que nos permita trabajar con grúas exteriores si el edificio no es de una sola planta.
Asimismo es recomendable que el diseño incluya previsiones para las pruebas de mantenimiento con periodicidad inferior a la anual, es decir, previsiones de conexión para bancos de carga. Puede incluso que sea necesario prever, en función del número de equipos, un banco de carga fijo en la obra. En este caso, las operaciones podrían realizarse igualmente con conexiones provisionales, pero la facilidad de mantenimiento y las reducciones del tiempo y coste de los alquileres lo agradecerán tanto el director financiero como el director técnico de la empresa.
Previsión de crecimiento
Puesto que la tecnología electrónica se halla en constante evolución, los proyectos de infraestructura TI se generan con condicionantes inciertos. La tendencia de los últimos años, en la línea de la virtualización, se ha centrado en incrementar densidad de potencia, de modo que con menos metros cuadrados de TI se mantienen capacidad de computación, consumo eléctrico y carga térmica. Esto implica centrar los espacios de previsión en los anexos para equipos de Power y Clima y no tanto en la propia sala.
A modo de ejemplo una sala de una densidad media de 1,5 kw/m2 requerirá una relación de un metro cuadrado de anexos por metro cuadrado de sala mientras que si la densidad aumenta a 3 kw/ m2 la relación puede aumentar perfectamente a 1,5m2 por metro cuadrado de IT.
La versatilidad del proyecto dependerá pues de un riguroso análisis de las potenciales posibilidades de crecimiento en la fase de desarrollo del concepto inicial, teniendo en cuenta que estas estarán siempre a expensas de una posible revolución tecnológica que distorsione toda previsión (afortunadamente en ciclos más decenales que anuales).
Conexiones provisionales externas
La redundancia N+1 mínima exigida en un Tier III garantiza la tranquilidad de poder operar en mantenimiento sin afectar el funcionamiento, pero deja el edificio en riesgo en caso de fallo de un equipo. Es algo asumible, incluso asumido en Tier IV. Cuando la incidencia es resoluble en cuestión de horas genera nervios, pero cuando el equipo que falla es un grupo electrógeno que puede necesitar semanas de reparación se convierte en trauma.
Para ello es recomendable realizar un análisis de riesgo de todos y cada uno de los elementos del edificio y pensar en soluciones provisionales externas en aquellos puntos con mayor afectación temporal en caso de incidencia. Son soluciones de bajo coste -tipo puntos de conexión directos a embarrado, interruptores/seccionadores para conexión de equipos de alquiler (Grupos, SAI…)- que justifican en cualquier caso las noches de más que va a dormir el mantenedor.
Avanzarse a los problemas
Cuando la disponibilidad eléctrica prima en el funcionamiento del edificio, es fundamental avanzarse a los posibles fallos, y en cualquier caso, si estos apareciesen, deben analizarse para evitar que se repitan. Los sistemas de gestión técnica o BMS (Building Management Systems) permiten, entre otras prestaciones, tener constantemente una visión general del estado de funcionamiento de todos los sistemas.
La lectura de parámetros como temperaturas, vibraciones o tensiones permite calibrar el estado de un TRAFO, un grupo electrógeno o las baterías del SAI, y la correcta programación indicador-alarma junto a un protocolo de actuación asociado nos salvarán de más de un disgusto. Si el disgusto llega al BMS servirá para tirar del hilo hasta llegar a un detonante, que con una correcta trazabilidad, siempre tiene una explicación.
En resumen la previsión, el espacio racional, el orden y la visión global permanente no solo fascinarán las visitas corporativas a nuestro DataCenter, sino que ayudaran a garantizar el aprovechamiento de la fiabilidad que justifica el coste de un edificio Tier III o Tier IV.